martes, 10 de febrero de 2015

Ascensión "lenticular" al Cabeza Nevada 25/01/2015

Después de las primeras nevadas copiosas por nuestras montañas más próximas he tenido la suerte de compartir con los amigos Paco, Manolo y Luis una marcha invernal "como las de antaño". Han pasado ya dos semanas desde entonces en las que la nieve ha seguido acumulandose y es posible que las montañas estén más espectaculares, si cabe pero ese día tuvimos la suerte añadida de asistir también a uno de esos espectáculos únicos que nos ofrece la naturaleza de vez en cuando... En este caso fue la contemplación de numerosas nubes lenticulares sobre las cimas nevadas, que he fotografiado lo mejor que he podido... La marcha era larga y me tocó ir a remolque "fotográfico" tras mis compañeros de aventura. Los cerca de 25 km. de pateo con un desnivel de unos 1300 m. y la nieve blanda no dejaban hacer muchos descansos, pero la sola contemplación de imágenes como ésta compensa cualquier esfuerzo, ¿no os parece?


A las 7.30 h. salimos de Salamanca rumbo a Navalperal de Tormes, dejando el coche en el pueblo por haber ya por aquí nieve y no saber el estado de la carretera que baja hasta el puente sobre el Tormes, desde donde se suele comenzar a andar. Precisamente allí tenían aparcados los coches dos parejas de montañeros, una que ya nos iba haciendo el favor de abrir huella, y otra  con raquetas en ristre que tenía intención de acometer la misma ruta. Comenzamos la caminata sobre las 9.15 h. y en las umbrías ya nos tocaba pisar nieve, aunque no sería hasta una hora más tarde, poco después de avistar la majestuosa cumbre del Cabeza Nevada, también llamado Mogote del Cervunal, de 2.426 m., cuando el terreno nevado invitaba a cambiar de botas. Yo no lo hice, a pesar de llevar a la espalda esas pesadas botas de plástico que tanto servicio me dieron en otros tiempos pero que se van quedando obsoletas. Sería tras pasar el segundo de los puentes de que cruzan las gargantas de Gredos primero y del Pinar después, cuando nos separamos de los caminos hacia Cinco lagunas y el circo de Gredos y la Plataforma. Mis compañeros se acabaron de ajustar guetres y demás pertrechos y yo, en un afán por ganar tiempo para las fotos y pensando que mis botas de trekking estaban preparadas para la nieve decidí seguir como iba (bien mojaditos llegarían los pies de nuevo a Navalperal...).




Pronto empezaron a llamarnos la atención las formas que empezaban a tener las nubes que llegaban desde el Oeste y el Suroeste, cuando buscábamos la cuerda del Cervunal, en una zona donde levantamos a varios buitres leonados posados cerca y vimos también un par de machos monteses. Ya en la cuerda nos llamaría la atención la gran cantidad de nieve caida en la Serrota y la Paramera.




Sobre las 11.30 h. llegamos a un alto con buenas vistas ya hacia el Cabeza Nevada y el circo de Gredos, contando desde aquí con una perspectiva que permite ver muy bien lo expuesta que está la travesía de los Barrerones en el camino desde la Plataforma a la Laguna Grande, peligro del que no se aperciben muchos de los que siguen esta ruta y causa numerosos accidentes cuando la nieve se endurece por allí...






Una hora más tarde nos encontramos cruzando la sorprendente planicie que a casi 1800 m. de altitud atraviesa el arroyo del Cervunal, en busca del refugio que hay junto a una laguna (ambos con el mismo nombre que la cuerda). Aunque ya me había llamado la atención antes la gran cantidad de bichos de pequeño tamaño (unos pocos milímetros, si acaso) apareciendo por todos los lados sobre la nieve, es al llegar a la planicie cuando veo que se concentran muchos de ellos en las hoquedades que forman las huellas de pisadas y bastones hasta formarse manchas negras de gran tamaño. ¿Alguien nos puede ilustrar sobre su origen y comportamiento? La llegada al refugio se torna espectacular con la aparición y formación de nuevas nubes lenticulares y cielos "empedrados".





Tras un pequeño refrigerio en el chozo-refugio (parada que me permite coger de nuevo a estos malditos...), enfilamos lo más duro de la ascensión. En un collado antes de la cumbre, cuando ya son más de las 2 de la tarde, nos cruzamos con los montañeros abre-huella que ya comienzan a bajar. Es en este punto cuando las condiciones se hacen algo más duras, lo que nos ha hecho calzar los crampones poco antes. La ventisca levanta de vez en cuando los cristales en que se han convertido los granos de nieve en polvo, dejando imágenes sugerentes, sobre todo en el collado y al cruzarnos por la misma zona con un grupo disperso de más de 30 personas que empieza a descender camino del pueblo después de una marcha que desde la plataforma les ha llevado primero al circo de Gredos y luego al Mogote del Cervunal por la portilla del Rey.




Ya en la cima nos quedamos solos tras despedir a los últimos miembros del grupo y buscamos un "abrigaño" para comer, degustando al mismo tiempo el espectáculo de las vistas hacia el circo de Gredos, parte del de cinco lagunas, Sierra de Béjar, la Mira.., y otras montañas del Sistema Central más alejadas. Las nubes lenticulares siguen sorprendiendonos con sus "hojaldres" cambiantes.











Pero ya son las 3 de la tarde y nos queda el descenso, con lo que tras descartar la vuelta por cinco lagunas por razones de tiempo y la inexistencia de huella visible por esos lares, enfilamos la cuesta abajo a las 15.30 h. Enseguida noto algo raro al andar y descubro, para mi pesar, que he roto un crampón, con lo que ato una de las partes como puedo para que no baje bailando y la otra me sirve para no resbalarme, eso si, bajando con más precaución...




De bajada, ya pasado el chozo se nos cruzará un zorro, y pasaremos muy cerca de un nuevo rebaño de machos de "capra hispanica", imponentes con su oscuro pelaje invernal... y las nubes siguen sorprendiendo...









Llegamos entre dos luces al puente sobre el río Tormes y sobre las 19.30 h. nos vemos en el bar del pueblo tomando  cola-caos calentitos y una coca-cola... Os dejo un par de panorámicas desde la cuerda cuando subíamos, y desde la cumbre cuando buscábamos el "abrigaño"... Salud!






martes, 3 de febrero de 2015

Circular en Sobradillo por el bosque de chumberas y el buraco 18/01/2015

Hay marchas a las que coges un cariño especial por aportarte un plus añadido a lo que se busca dedicando el domingo a esta sana costumbre, que suele ser un cambio de aires, el contacto y disfrute de la naturaleza haciendo ejercicio o dedicar un día entero a compartir la afición con los amigos o la familia... Ésta, sin duda, es una de ellas, al acercarse a uno de los parajes más agrestes de Salamanca que, además, hace frontera con Portugal y recorre la "Raya" con vistas espectaculares sobre el arribe del Águeda. Tendríamos que desplazarnos hasta  San Felices de los Gallegos o bajar hasta su desembocadura en el Duero para encontrar un puente que nos facilite el paso a la otra orilla. Si a ello añadimos los tonos ocres y amarillos de las cuarcitas en estos pagos o el hecho de que la marcha atraviesa un espacio único con ese "buraco" (nombre que en portugués significa "agujero") que podemos imaginar como entrada secreta a un mundo desconocido donde las chumberas se convierten en extraños árboles coronados de dulces frutos de color rojizo, entonces la marcha en cuestión toma tintes casi de leyenda...

Se inicia el recorrido en Sobradillo, donde destaca esa torre del Homenaje que aún queda en pie de lo que fuera su castillo y nos recuerda tiempos de tensas relaciones con "os vizinhos do lado". Aunque hay quien prefiere acercarse al buraco de mañana, nosotros siempre optamos por dejarlo para la tarde, con lo que tomamos una pista en dirección a la ermita de San Sebastián, ermita que dejamos a nuestra izqda. junto a una pequeña chopera plantada sobre una zona inundable donde nace el arroyo del lago. Con las lluvias caídas días atrás y las heladas que se repiten estos días, el pequeño "lago" permanece helado esta mañana.



Tras pasar una pequeña charca también helada, se dejan ver un bando de bisbitas comunes antes de llegar a las cercanías de las ruinas del convento de Santa Marina la Seca. Os dejo un par de fotos donde podéis ver la diferencia de aspecto que le otorgan las luces matutinas y verpertinas (la de la tarde está hecha desde la pista por donde regresamos).




Siguiendo los postes con señales blancas y amarillas que no perderemos en la primera parte de la ruta, la pista que seguimos se convierte en trocha y pronto llegamos a un bonito mirador sobre una pronunciada curva del Águeda, con nieblas altas sobre nosotros y buitres leonados a nuestros pies.


Tras un corto descanso regresamos en busca de la continuación del P.R., pero retrocedemos demasiado sobre nuestros pasos en vez de seguir los postes a nuestra izqda., y nos toca hacer un poco "la cabra" para bajar a recuperarlo a orillas del arroyo del Alcornoque, donde nos encontramos con las primeras chumberas. Pronto vemos el sendero que debíamos haber cogido muy cerca del mirador.



Tras una corta subida el camino empieza a serpentear sobre el arribe en una zona con paisajes impresionantes y gran cantidad de buitres por todos los lados. En otras ocasiones hemos visto también alimoches y águilas perdiceras por aquí, pero en esta época del año se encuentran muy lejos...










Comemos más o menos en la mitad del recorrido, en un pequeño prado con vistas privilegiadas, donde me recreo intentando fotografiar el vuelo de los buitres. Frente a nosotros, como en casi toda la travesía, destaca el color blanco de la "capela de Sto. André"  y su palomar en tierras portuguesas, perteneciente a la freguesía de Almofala, dentro del "concelho" de Figueira de Castelo Rodrigo. Construída en terrenos de lo que fue un gran castro celta luego romanizado, se encontraron junto a ella dos verracos parecidos a los que encontramos en otros enclaves de los arribes. También se ven en sus cercanías los restos de varias explotaciones mineras abandonadas, seguramente de piritas argentíferas.







Iniciamos luego el descenso que nos llevará muy cerca del río, dejando junto al camino algunos chiviteros de forma circular y techos de piedra y brezos tan típicos de la zona. Empiezan a proliferar las chumberas de gran porte de tal forma que atravesamos auténticos bosquetes de ellas antes y después del "buraco", agujero natural entre dos grandes rocas cuarcíticas por el que pasa el camino. El cielo se va despejando poco a poco y los contrastes de los colores rojo y verde de las chumberas con el ocre y el amarillo de los roquedos dan mucho juego visual y fotográfico...


















A quién no conozca la ruta le podría parecer casi imposible seguir el camino sin llegar a trepar en algún momento, pero una bonita vereda que se abre entre las últimas chumberas y los carrascos, encinas y quejigos nos aleja poco a poco del río y nos permite subir en busca de una pista que nos llevará de nuevo a Sobradillo.




Recogemos los coches en el pueblo, junto al calvario de cruces que antecede a la ermita de la Misericordia, despidiéndonos cuando anochece, no sin antes observar un curioso acontecimiento astronómico que se puede ver estos días, con Venus y Mercurio casi uno al lado del otro cerca de la linea del horizonte.