jueves, 26 de mayo de 2016

5 días en Polonia (Segunda Parte: Bialowieza, entre Polonia y Bielorrusia).

Aunque dejamos Biebza con cierto pesar, entramos de lleno en el plato fuerte de nuestra visita a Polonia y, como os contaba en la entrada anterior, la llegada fue, cuando menos, "intercadente".

Como ya me pasó el día anterior y me pasaría los siguientes, me despierto antes de lo esperado con la ayuda de la falta de persianas que por aquí se estila. Hago algo de tiempo recordando por qué razón nos encontramos todos en una habitación de una casa particular y al ver que no concilio el sueño de nuevo decido espabilar la galbana (nunca mejor dicho, después de lo tarde que nos acostamos y del vodka).

Y con los otros tres intrépidos aventureros aún haciendo seda me dedico a observar pajarinches desde el vélux de nuestra habitación. Picogordo, gorriones molineros preparando el nido, torcecuello y curruca zarcerilla... no está mal.

Curruca zarcerilla
Torcecuello
Gorrión molinero
Cuando ya son cerca de las 9 y alguno más  ya va espabilando, animamos a los más reacios para dejar la casa (que tan gentílmente nos han ofrecido) lo antes posible, dada la reunión que están a punto de comenzar. Al final ésta se retrasa un poco... por las "interferencias hispanas", sin duda.

Está claro que sobramos, aunque alguien llega a ofrecernos el quedarnos a desayunar; al despedirnos nos sorprende nuestra anfitriona comunicándonos que ya ha hablado con la dueña del alojamiento donde debíamos haber dormido y que si queríamos alojarnos el resto de noches no había problema alguno. Así pues, lo primero que hacemos es ir de nuevo allí para "desfacer entuertos". La cosa acaba (o empieza, según se mire) muy bien pues nuestra patrona, que solo habla polaco y ruso, nos prepara un potente desayuno que nos ayuda a empezar a perdonar desde muy pronto.

Antes del "control de avituallamiento" nos hemos acercado al parque del Palacio para contratar una visita guiada por la zona restringida y enterarnos bien de la posibilidad de visitar la zona bielorrusa de Bialowieza, al haber visto en Internet que, desde junio del año pasado, se pueden pasar hasta 3 días en esa zona sin necesidad de visado . Lo primero nos va a costar más de lo esperado, pues no es posible hacerlo ni hoy ni mañana pero, a cambio, el martes día 3 podemos quedar con un guía que habla español (contrataremos la visita "larga", de 6 horas por unos 34 € por barba). Y en cuanto a lo segundo, resulta mucho más sencillo de lo esperado, debiendo abonar cada uno unos 16 euros por el permiso.

No será hasta las 11,20 h. cuando ya nos encontremos en el parque del Palacio para un primer contacto "real" con esta maravilla que es Bialowieza, después de hacer una fotillo a la iglesia ortodoxa dedicada a San Nicolás que se encuentra en sus proximidades. Una lástima no haber podido entrar.


Con una extensión parecida a Guipuzcoa, parte de esta zona boscosa actualmente entre Polonia y Bielorrusia ha sido declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco, y cuenta también con la declaración de Patrimonio de la Humanidad. A su excelente estado de conservación ha contribuido una protección casi continua desde el s. XV, si bien por motivos cinegéticos al principio, al ser una reserva de caza exclusiva de las clases dominantes. Es un ejemplo sin parangón de lo que debieron ser los bosques mixtos de Europa Central antes de la humanización del territorio. Sobre todo en las zonas de reserva integral, se puede ver y sentir la renovación del bosque con grandes árboles caídos parcial o totalmente descompuestos enriqueciendo sus suelos y contribuyendo a la diversificación de la vida vegetal y animal. Aunque el atractivo principal sea el reintroducido bisonte europeo, viven en la zona muchos más bichos "de pelo", como el álce, ciervo, tejón, nutria, castor europeo... Han sido también reintroducidas con éxito especies como el lince boreal y el lobo; no ha sucedido lo mismo con el intento hecho con el oso pardo, seguramente por producirse justo antes del estallido de la segunda guerra mundial. Como curiosidad, también es frecuente el avistamiento de perros mapache, seguramente procedentes de escapes de granjas peleteras. Y en cuanto a bichos "de pluma"  se trata del único espacio natural donde se pueden encontrar todas las especies de pícidos de Europa. Vamos, que la cosa promete.

Bueno, también planean algunas nubes negras, como la reciente aprobación por el gobierno polaco de un plan de aprovechamiento forestal en la zona bajo su jurisdicción...

Y nada más pasar la puerta del parque empezamos a disfrutar de observaciones muy "jugosas", al localizar un nido de papamoscas collarino y recrearnos con el ir y venir de la madre y el padre.

Hembra de papamoscas collarino llegando al nido
Macho de papamoscas collarino junto al nido
Y justo enfrente, al otro lado del camino que seguimos, un nido de mirlo común aprovechando un pliegue en la corteza de un árbol con la madre empollando.

Hembra de mirlo común empollando
El nombre del parque recuerda que aquí se encontraba un gran palacio construído para los zares que fue destruido por los nazis al retirarse en la segunda guerra mundial. Lo que sí que ha quedado es el pabellón de caza, una bella construcción de madera que le da un toque romántico al parque.




Hay además otros alicientes que hacen que éste sea un destino turístico de primer orden entre los polacos, como el pequeño lago, el gran tamaño de las distintas especies arbóreas que atraen a muchas aves, o la posibilidad de pasear en calesa y disfrutar de alguna zona de juegos infantiles.


Nos damos un gran paseo de hora y media disfrutando de los sonidos y de las vistas, parando de vez en cuando para contemplar especies caras de ver por nuestra tierra, que por aquí abundan, como el pito negro (ahora se le llama picamaderos negro) o el zorzal real.








Acabamos el recorrido pasando por el centro de visitantes donde conservan un águila pomerana y no pocos combatientes disecados, aunque lo que más me llama la atención del lugar son los martilleantes ruidos que se escuchan casi de continuo, provocados por los picotazos que acostumbran a dar los picamaderos negros en su tejado metálico.

Seguimos después en coche el curso del río Narewka, parando primero junto a un cartel que indica Zebra Zubra, muy cerca aún del pueblo donde pasamos  un rato su torre de observación, a la espera de que algún águila pomerana o moteada sobrevuele la zona de marismas que tenemos frente a nosotros... No va a ser así, aunque el paisaje compensa la parada.





Nos dirigimos luego al llamado bosque de los robles reales (Krolewskie Deby) situado 6 km. al norte del pueblo, donde un pequeño itinerario une ejemplares de robles varias veces centenarios, explicandose la historia de ellos y del nombre que les han dado en carteles concisos pero efectivos que ayudan a entender la historia de Bialowieza.



Aquí empezamos a "respirar el espíritu de Bialowieza", sorprendiendo la variedad de especies arbóreas, unas de hoja caduca, otras de hoja perenne, el tamaño de algunos ejemplares, el resultado de dejar los árboles caídos donde lo hicieron, la presencia de gran cantidad de flores en el suelo antes de que las hojas de los árboles impidan el paso de la luz...



Zorzal común







Junto a un arroyo cerca del final del recorrido se dejan ver los rastros de los "bichos de pelo" que lo frecuentan, y encontramos una ranita bermeja.


Y dando la vuelta a alguna fotillo el espíritu de Bialowieza se hace incluso más espiritual... ;-)


Es una gozada ver a todo tipo de gente disfrutando de un paseo en bici por las pistas cercanas.


Papamoscas collarino
Pasan ya de las 15,15 h. cuando vamos camino de Narewka parando a ver una bonita iglesia ortodoxa junto a la que anoto un nuevo "bimbo", como se conoce entre los pajareros a las observaciones de nuevas especies por primera vez. Se trata de un carbonero sibilino que anda algo mosqueado con nosotros por acercarnos en exceso a su nido.


Carbonero sibilino
Mucho hambre no es que tengamos aún, con esos pedazo desayunos que nos prepara nuestra controvertida patrona (que se disculpó por la mañana, lo que es de agradecer), pero ya va siendo tiempo de darle un tiento a unas Zubr con lo que buscamos un chiringuito en el pueblo, y damos con  un precioso restaurante de madera con una gran terraza donde acompañamos el bebercio de lo más parecido a un pincho que podemos...


Nuestro próximo destino va a ser el lago Semianowska, donde arribamos pasadas las 17,30 h. tras haber visto una "enorme" liebre europea desde el coche Nada más llegar nos sorprende un zumbido junto a la orilla que alguno de nosotros confunde con el "canto" del avetoro, resultando ser el "croar" de los sapos de vientre de fuego. Con la ayuda del pescador de la foto, que nos ofrece una sacadera, conseguimos coger una de ellas, liberándola poco más tarde tras recrearnos con el colorido que le ha dado nombre y someterla a una pequeña "tortura fotográfica".


Sapo de vientre de fuego


Luego daremos una vuelta a pie por la zona, aunque no se dejan ver ni las rapaces ni la lavandera cetrina que veníamos buscando. Si lo hacen algún charrán, gaviotas, escribanos cerillos.., y varios zorzales reales que se dejan hacer alguna fotillo decentilla mientras sacan con gran habilidad lombrices acumulándolas en su pico.

Zorzal real
Una hora más tarde partimos hacia Carska Tropina dando un bonito paseo hasta llegar a un gran observatorio de gran altura sobre una zona pantanosa y las lindes del bosque. Y desde allí nos acercamos con las últimas luces a Kosy Most, uno de los mejores lugares para hacer una espera a los bisontes. Bisontes no veremos, pero si nos sorprende alguna liebre europea y el vuelo de alguna chocha perdiz y de unos grandes murciélagos mientras esperamos.





Y antes de volver a Bialowieza nos dejamos caer de nuevo por el mismo restaurante de Narewka, donde cenamos muy bien. Ya en el coche se cruzará un mamífero de gran tamaño que no acabamos de identificar por hacerlo fuera del alcance de las luces del auto.

El lunes 2 de mayo toca entrar en la zona bielorrusa del parque, y la mejor forma de hacerlo (probablemente la única)  es en bici, por lo que, una vez conseguido el visado tramitado el día anterior, alquilamos cuatro bicis junto a la oficina del parque del Palacio. Resulta un poco raro que no nos den un pequeño kit de reparación ni una bomba, prometiendonos solventar cualquier problema que surja llamando al número de teléfono del alquiler... Decidimos con alguna duda encomendarnos a la suerte esperando no tener que usar el teléfono, y partimos cerca de las 9,30 h. camino de la frontera. Las bicis no tienen muy buena pinta, pero para lo que pensamos hacer pueden valer.., aunque a uno de nosotros le toca dar media vuelta al poco de partir para cambiar la que le han dado... Luego resultará que la nueva nos dará algo de guerra al estar desgastados piñones y cadena...



A las 10 de la mañana, tras pasar junto a algunas casas de madera muy chulas en Bialowieza y Grudkl, llegamos a la frontera, donde entre papeleos y que se nos ha adelantado un grupo bastante grande de bicis se nos van a ir casi tres cuartos de hora.


Tras despedirnos de uno de los policías bielorrusos que nos ha controlado, que resulta que ha estado en Mallorca, paramos un poco más adelante junto a un gran mapa de la zona donde nos está permitido movernos. El mapa es similar al que hemos comprado al hacer todas las gestiones en el parque del Palacio, sobre el que nos han marcado el posible itinerario a seguir, de poco más de 50 kms. La verdad es que ninguno de nosotros estaba convencido de poder pasar la frontera de, posiblemente, el  más hermético estado de los que hay en Europa,  pero en nuestras "flamantes bicicletas" sin parches ni bombas... de dar aire.., parece que vamos a tener la suerte de conocer un cachito de Bielorrusia.

Y lo primero que sorprende es que apenas vamos a pisar pistas de tierra, al estar las que podemos utilizar asfaltadas casi en su totalidad. Con cierta molestia para alguno que otro a la hora de pedalear seguimos la ruta recomendada, en una zona llana donde los árboles alcanzan gran altura y el camino a seguir parece de lejos un tunel cubierto de vegetación.


Esta será una de las señales que encontremos prohibiendo el paso a lo largo de la jornada.


Sobre las 11 entramos en una zona pantanosa y poco después llegamos a un pequeño embalse donde vemos varios alcotanes cicleando y un aguilucho lagunero.

Los bosques de alisos sobre terrenos pantanosos son espectaculares.
Alcotán



Algunos veremos fugazmente un pigargo adulto al que no me da tiempo de fotografiar. Pero si lo hago con una mariposa pavo real que se posa junto a mi lado.

Mariposa Pavo Real
Por aquí ya empezamos a ver pasar bicicletas en ambos sentidos, y también algún vehículo bielorruso.


En el mapa vemos que a nuestra izqda. sale un camino que se dirige a una zona donde aparece representado un bisonte, deduciendo que debe haber alguna reserva o zoo donde se puedan ver éstos. Nos dirigimos hacia allí y pronto empezamos  a ver una especie de gnomos de madera con caracteres cirílicos que no comprendemos indicando la dirección que seguimos. En media hora nos encontramos, no en una reserva de bisontes, sino en el Museo del Año Nuevo, una nueva atracción dedicada a la morada de Ded Moroz (en ruso: Дед Мороз, que era lo que indicaban los gnomos...), el equivalente eslavo a nuestro Papá Noel....








Recuperándonos aún del pasmo que nos ha producido tamaño encuentro, descartamos la idea de seguir buscando a los bisontes por aquí, y nos encaminamos a Kamyanyuki, pueblo al que llegaremos hora y media más tarde. Pero antes, nada más salir de la morada de Ded Moroz vemos esta curiosa estructura de madera, muy parecida a otras con las que nos hemos cruzado en Polonia. Parecen dedicarse a la alimentación del ganado, aunque nos enteraremos de que a veces se destinan a la fauna silvestre (en Kosy Most se veía una junto a la reserva integral).



Continuamente aparecen señales como éstas en las carreteras...




Paramos cada poco para leer algunos carteles que indican curiosidades como la presencia junto a la carretera del pino silvestre más viejo de Bielorrusia, o unas formas sobre un tronco que recuerdan la cara de un bisonte...  Y también lo hacemos al ver esta culebra de collar atropellada sobre la carretera.

Culebra de collar
Aunque está todo muy arbolado, la zona sufrió grandes talas durante la ocupación alemana de la Primera Guerra Mundial. Se estima que se sacaron 4,5 millones de metros cúbicos de madera tras construir 300 km. de ferrocarriles; la mayoría de los trayectos férreos los siguen en la actualidad la red de pistas y carreteras por las que nos movemos.

Antes de cruzar un río para llegar al poblado encontramos esta estatua con tintes típicamente soviéticos.



Y al cruzarlo vemos las huellas del trabajo de los castores y disfrutamos de un bonito panorama.


Algunas casas de madera del pueblo son muy coloridas y fotogénicas,  y el exterior de la  iglesia ortodoxa es impresionante. Una pena pillarla cerrada.





Lo que da un poco de pena es comprobar la profusión de tejados de fibrocemento, seguramente con amianto (más conocidos por la marca Uralita en España)... A lo mejor tan solo lo parecen, aunque me temo que no es así.






Sobre las 14,15 h. paramos en una tienda de alimentación para tomar un pequeño tentempié y, al volver a entrar para que nos abran los botellines de cerveza de a medio litro, nos sorprende el ingenioso sistema de apertura que espero podáis deducir a la vista de la fotillo del amigo José Ángel (fijaos en la parte inferior de la botella de arriba...).



Y cerca ya de las 15 h. emprendemos el camino de vuelta intentando completar un círculo. La frontera cierra a las 8 de la tarde y sin herramientas ni parches conviene no arriesgar demasiado, aunque nos separen solo 25 kms. A la salida del pueblo nos encontramos con una especie de zoo con ciervos, alces, bisontes.., pero no entramos a verlo por carecer de monedas bielorrusas. De todas formas, al alejarnos de la entrada vemos que sigue al lado de la carretera y nos acercamos en el espacio dedicado a los bisontes a echar un vistazo y hacer alguna fotillo.




Más tarde, atravesando una pequeña zona pantanosa, el desagradable ruido de la cadena al patinar sobre uno de los piñones desgastados asusta a un ave de tamaño medio que pasa muy cerca de mi al emprender un corto vuelo. Me quedo con su cara (bueno, más bien con las forma de volar y con su llamativa cola con plumas muy blancas en la parte inferior) y más tarde deduciremos que se trata de un gallo lira.


Hay un momento en que debemos volver al encuentro de la pista que nos llevó a Kamyanyuki al encontrarnos cerrada  la que esperábamos seguir, pero eso nos permite pasar por el bonito caserío de Liackija, donde hay una casa que parece ser algo parecido a un centro de visitantes.

Tocaba salirse al cruzarse con autobuses, normalmente de escolares para ver a Ded Moroz. 












Como se encuentra cerrada, seguimos hacia el próximo embalse que ya vimos esta mañana, donde se dejarán ver muy de cerca algunoscarriceros y andarríos chicos.

Andarríos chicos

Cisne vulgar
Como vamos muy bien de tiempo, seguimos tranquilamente por el "túnel verde" parando de vez en cuando al oir el reclamo de picamaderos negros y otras aves. A los primeros llegamos a verlos volando varias veces, pero no posados ni con tiempo para hacer alguna foto... Cachis!!



Poco más tarde de las 18 h. enlazamos con la carretera principal próxima a la frontera que, en sentido contrario, conduce a Pruzhany en 43 kms.


A las 18,20 h. estamos cruzando la frontera y media hora más tarde entregamos las bicis tras un recorrido de unos 55 kms.



Escribano cerillo



Y en lo que queda de día, decidimos acercarnos a un gran prado junto a la salida del entorno del Parque del Palacio que se dirige a la zona restringida para hacer una espera... a ver si tenemos suerte con los bisontes. No va a ser así, aunque las últimas luces nos dejen unas buenas luces y algunas curiosas observaciones, como la del continuo vaivén de dos trepadores azules hacia su nido para alimentar a su prole, un alcaudón norteño que huye de su percha al acercarnos a fotografiarlo, o unos zorros cruzando el prado y parando de vez en cuando en busca de roedores.



Trepador azul saliendo del nido
Zorro
Y como hoy hemos acabado "relativamente" pronto con nuestras actividades y tenemos una deuda pendiente con nuestros nuevos amigos polacos, a quienes dijimos al despedirnos que llamaríamos antes de irnos para quedar un rato, mientras estamos cenando en la Pizzería Siciliana llamamos a Monika. Charlamos un rato con ella mientras acabamos de cenar y nos invita a acercarnos a ver al resto de los amigos, que han quedado en un prado próximo para cenar pescado y patatas asadas y alguna cosilla más que traen de casa. Aunque estamos un poco trillados nos acercamos a verles, sorprendiendome la forma de "asar" el pescado, en una especie de cofre metálico que introducen tal cual entre las brasas de una hoguera. Charlamos y echamos unas risas un buen rato entre cerveza y "pinchos" que difícilmente podemos ingerir después de las pizzas "oversize" que nos hemos metido al cinto, pero nos despedimos antes de lo que hubiéramos querido en otras circunstancias, pues hemos quedado al día siguiente a las 6 de la mañana con Joao, nuestro guía portugués por la reserva integral. Al final, "comme d'habitude", no acabamos la jornada hasta pasada la medianoche...

Y nuestro último día en Bialowieza nos recibe muy temprano con otro gran desayuno, levantándonos algunos incluso una hora antes de lo previsto por ciertos problemas logísticos a la hora de poner el despertador...

Acudimos puntuales al lugar de nuestra cita donde ya se encuentra esperando nuestro guía portugués, que habla un muy correcto castellano, entre otros cuantos idiomas...




El paseo de seis horas, con un recorrido de unos 18 o 20 kms. si mal no recuerdo, va a ser muy agradable y vamos a aprender mucho de los conocimientos de Joao.

La primera parada la hacemos antes de llegar al límite de la reserva integral, para observar un pito negro que se posa en un bosquete de abedules, al que logro hacer una foto testimonial en la que apenas llega a distinguirse. Y ya junto a la entrada, con un aparcamiento de bicis muy ocurrente, paramos frente a un cartel donde se puede ver dónde nos encontramos, el tamaño de las zonas restringidas a ambos lados de la frontera, y un texto en inglés que viene muy bien para hacerse una idea de Bialowieza y de las normas para entrar en la zona restringida...



Tras saludarnos una ardilla roja junto a la puerta de entrada empezamos el recorrido, parando de vez en cuando para ver algún rastro del paso de mamíferos o disfrutar de jugosas observaciones. Incluso se deja ver un ciervo cruzar el camino por donde vamos.

Ardilla roja



Solo los investigadores pueden acceder en bici

Recuerdo a los caídos en ambas Guerras Mundiales

Al fondo, tronco de roble "trillado" por los pitos negros
Topillo rojo

Pico dorsiblanco
Piña encajada entre los pliegues de un roble por un pito
Huellas de tejón
Coleópteros especializados en hacer desaparecer heces de mamíferos
Sobre las 9 de la mañana salimos a una zona pantanosa con muchos carrizos, donde vemos unas huellas lobunas muy bien marcadas, y nos quedamos un ratillo por si se deja ver alguna rapaz.


Huella de lobo
Nos adentramos de nuevo en el bosque para salir ya cerca de las 10,30 h. a un puente sobre un arroyo desde donde se ve claramente una presa hecha por los castores y un tronco cortado por ellos. Por esta zona pantanosa también paramos un buen rato y luego regresamos hacia la entrada no sin antes ver algunos de los árboles más longevos de la zona.


Huellas de perro mapache

Tronco cortado por castores
Represa hecha por los castores

Nada más salir vemos este "manojo de pelos de jabalí" que, según nos explica Joao, no es otra cosa que lo que ha quedado de las heces de un lobo que él tenía localizadas, después de ser reabsorvidas por la naturaleza.


Un último vistazo al trajín en las inmediaciones del nido de trepadores que vimos ayer, parando también ante ruidos de pícido sospechosos que resultan ser producidos por un torcecuellos, y vuelta al parque, donde encontramos un mosquitero musical muerto.







Después de comprar algunos regalos, pasadas las 13 h. volvemos a por las cosas que hemos dejado en la pensión y vamos al café Walizka a despedirnos de Mónika, que trabaja allí.

Tras comer, beber y charlar un buen rato decimos adiós también a Bialowieza no sin antes visitar el zoo que hay en sus proximidades, donde se pueden ver algunos de los habitantes "de pelo" más característicos de la zona. También cuenta con zubrones y caballos koniks. Los primeros son híbridos entre bisonte europeo y ganado bovino con los que, tras la 1ª guerra mundial se pensaba sustituir al último por su versatilidad y resistencia a las enfermedades. Las dificultades del programa de cría acabaron con el programa de investigación en los años 80. Y los segundos están emparentados genéticamente con el tarpán y con los caballos de Przewalski. Sus formas recuerdan las pinturas prehistóricas de caballos de la zona cantábrica, sin duda.




Gato montés
Zubrón, híbrido de bisonte y ganado bovino
Alce

Escribano cerillo
Jabalí
Konik alimentándose en un típico comedero
Lince boreal
Lobo
Zorzal común
Bisontes
Ciervo
Sobre las 17,30 h. nos vamos parando de camino a nuestro nuevo destino en dos pueblos próximos para ver sus iglesias ortodoxas. En la primera de ellas entramos discretamente, pues están en plena celebración, y nos recreamos un rato con su bonito interior.





Y ya cerca de las 19,30 h. llegamos a Grabarka, donde hay un monasterio ortodoxo que nos ha recomendado Mónika visitar. Es una pena encontrar ya cerrada la iglesia de madera, pues se encuentra iluminado su interior y se pueden apreciar por las ventanas unas pinturas de intensos colores con muy buena pinta. De todas formas, vale la pena haber pasado por aquí, pues se trata de un centro de peregrinación donde los fieles dejan miles de exvotos, normalmente cruces de madera.




El travesaño inclinado de las cruces ortodoxas simboliza en su parte elevada al Buen Ladrón y en la baja al Mal Ladrón.


Será nuestra última parada antes de Varsovia, donde llegamos sin contratiempos, guiados por el "Navigator", aunque más tarde de lo pensado. Posiblemente esto haya venido bien para evitar los previsibles atascos por la operación retorno del puente que han tenido en Polonia.

Al irse haciendo tarde, nos toca llamar por teléfono antes de llegar y al bajar del coche en el céntrico lugar donde pensábamos que se encontraba nuestro alojamiento, una guapa varsoviana nos da las llaves y nos manda a un apartamento varias manzanas más lejos, lo que hace que "comme d'habitude" nos acostemos de nuevo pasada la medianoche...

1 comentario:

  1. Hola! Enhorabuena por el post. Me gustaría saber donde tramitasteis el visado para cruzar a Bielorrusia. Esta semana viajo con dos amigas a Bialowieza y nos gustaría visitar el otro lado del bosque. Gracias!

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