viernes, 10 de octubre de 2014

Piragua y berrea en Martinhebrón.

Como “es de bien nacidos ser agradecidos”, tengo que agradecer al amigo Antonio el haber podido hacer esta actividad a la que tenía muchas ganas… a pesar de no habernos podido acercar al meandro del Alagón por “problemas burocráticos varios”…

Llegamos a las proximidades de Granadilla el sábado a última hora de la mañana, sin estar muy seguros del lugar desde donde el grupo iba a descargar las piraguas. Como fuimos los primeros en llegar, estuvimos buscando un buen sitio para acceder a la orilla, y yo tuve la suerte de cruzarme junto al embalse, a tan solo unos metros, con una cierva y un cervatillo que corrían alejándose de un perro. Ya de regreso vi también unos cuantos ciervo más en un par de ocasiones e incluso levanté una liebre... (¡¡ pena de cámara, que estaba en el coche…!!).

Era la hora de comer cuando apareció el resto de “expedicionarios”, pero decidimos dejarlo para más tarde y empezar ya a remar.

Con todos los pertrechos necesarios para pasar la noche en el despoblado de Martinhebrón y alimentarnos hasta la tarde del día siguiente partimos de una recogida ensenada, no sin antes haber arrimado los coches a la orilla para que no llamaran demasiado la atención.



Pronto disfrutaron algunos de una jugosa observación, al avistar una manada de ciervos que, procedentes de una isla, nadaban en el embalse, quizás mosqueados por la proximidad de tanto barco… Yo me lo perdí ;-(

Tras una merecida comida y los primeros baños en las orillas de un brazo del embalse seguimos camino del despoblado, pudiendo distinguir, entre varios buitres, a un águila real. Alguna paradita más hubo para refrescarse en las aguas del embalse y, ya cerca de Martinhebrón, Antonio y yo nos acercamos por otro brazo a la desembocadura de un pequeño río donde vimos otro grupo de ciervos y levantamos una garza.





Ya en Martinhebrón algunos montamos tiendas y otros prepararon vivacs. Con caía el atardecer dimos una vuelta por los alrededores encontrando, entre otras cosas, lo que parecía el cadáver de un cervatillo.






Aún teníamos una temperatura muy agradable. Luego nos tocaría ponernos los forros para cenar en la “plaza” del pueblo. Después de echar unas risas en el “fuego de campamento” se formaron pequeños grupos, disfrutando del cielo estrellado y de los berridos de los machos en celo. Me llamó la atención una estrella fugaz que dejó una gran estela, pero me sorprendió aún más el constante trasiego de aviones y satélites…


Lo de escuchar la berrea en un sitio así impresiona, pero si te vas al saco a dormir, y cuando la dureza del suelo te hace despertar de vez en cuando para cambiar de posición, escuchas berridos procedentes de todos los puntos cardinales, como sucedió esa noche, se convierte, al menos para mí, en una experiencia única.

Sobre las 8 de la mañana decidí levantarme con idea de dar una vuelta por los alrededores en busca de jugosas observaciones. Encontré a Javi saliendo de su tienda y decidimos remontar juntos un empinado cortafuegos . Pronto vimos un macho joven pastando, al que avisó de nuestra presencia una hembra que apareció algo más tarde. Continuamos el paseo hasta una zona desde la que se veía el mirador del meandro que hay cerca de Riomalo. A la vuelta vimos otro macho, esta vez con algo más de luz, lo que agradeció mi cámara…




Tras el desayuno, y después de tirar unas cuantas fotos a un saltamontes que andaba por allí, un grupo decidió quedarse a dar una vuelta antes de coger las piraguas y el resto decidimos montarnos ya en ellas e iniciar el regreso con calma, descartando una aproximación a la zona de los meandros.

Al tener más tiempo, volví a acercarme a la desembocadura del riachuelo del día anterior mientras los demás hacían una parada en espera de los que salían más tarde.








La parada para comer, que ya era la segunda tras juntarnos de nuevo todos, nos la tomamos con calma, acompañándola algunos de baño y siesta. Nos dio tiempo hasta para disfrutar del paso, con parada en un árbol incluída, de un águila culebrera por el otro lado del embalse.



 









El final de la excursión fue algo tenso, al encontrarnos justo en la “ensenada solitaria” de la que habíamos partido con una gran cantidad de coches y personas con motivo de una competición de pesca. Algún rifirrafe hubo cuando alguna piragua se acercó un poco a los pescadores, pero todo quedó en agua de borrajas. Nos tocó portear las piraguas más de lo deseado y recoger todo rápidamente, y el baño de despedida decidimos darlo en la piscina natural de Abadía. La piscina no era tal, al haberse quitado ya la compuerta, pero alguna pocita nos dejó matar el gusanillo, y el refrigerio en la terraza de un bar puso la guinda a un fin de semana inolvidable.



viernes, 3 de octubre de 2014

Sos del Rey Católico.

Este verano, aprovechando el viaje de vuelta desde Pirineos, nos acercamos a este "pueblo con encanto" que nos habían recomendado conocer, de ser posible, a través de una de las visitas guiadas. Nos apuntamos a una de ellas y valió mucho la pena, por lo enriquecedor de la visita y por permitir acceder a espacios cerrados, destacando la cripta de la Iglesia de San Esteban, celosamente cuidada por el párroco de la localidad.

Ubicada en un otero que domina un gran territorio, la villa se ubica casi en la frontera entre Aragón y Naarra, no lejos de la vía principal del camino de Santiago. Tras comer en el Landa, dicho sea de paso, con un rico menú ajustado de precio, fuimos al palacio de los Sada a sacar las entradas de la visita. En este palacio hay una especie de centro de interpretación dedicado a Fernando el Católico que no visitaremos por preferir dedicar la tarde a conocer mejor Sos.

Entramos en la zona más antigua por lo que queda del Portal de la Reina, bajo una torre con barbacana, donde se mantienen los huecos por los que los defensores podían arrojar aceite hirviendo y todo tipo de proyectiles a las "personas non gratas" que quisieran entrar por la fuerza. Según la tradición, por aquí entraría la madre del futuro Fernando el Católico para darle a luz, en medio de una guerra civil del vecino reino de Navarra.



Llama la atención la inscripción que se conserva en un lateral del portal, donde se puede leer aún "Merde pour les volontiers de Mina", realizada por algún soldado francés durante la guerra de la Independencia en relación con los frecuentes ataques de los guerrilleros de Espoz y Mina por la zona.


Las calles tienen el trazado "y cuestas" típicos de un pueblo medieval, y la rehabilitación bastante respetuosa de muchas casas hace que se rueden aquí escenas de películas de época como la serie "Isabel" que actualmente pasan por TVE.





El barrio judío, alrededor de la plaza de la sartén, esconde curiosidades como la conservación en una de sus casas de la hendidura lateral en la puerta de acceso donde se depositaba la "mezuzah", un pergamino con dos versículos de la Torá. Sobre este hueco aparece una cruz cristiana sin duda posterior a la expulsión, que "marcaba"  las casas que pertenecían a conversos.



Los grandes aleros de madera de algunos edificios como el Ayuntamiento llaman la atención, y  la inscripción que os dejo, sobre las paredes del mismo, también.



En la plaza de la villa se celebraba el mercado, y en un extremo se conserva una especie de porche con varios arcos,  utilizado en verano como terraza hostelera. Entre dos de esos arcos hay un hueco donde el "almotacen" colocaba la "romana oficial" para evitar engaños. Con este mismo objeto, junto a ese hueco se puede ver una incisión vertical en la pared que mide exactamente una vara jaquesa, medida estándar de la época por estos pagos.



La visita guiada permite acceder a la lonja, que mantiene las hendiduras para colocar vasijas de aceite, vino.., y dos pozos de nieve, ecológicos antepasados de nuestras cámaras frigoríficas. En las lonjas se vendían productos al por mayor, a diferencia de los mercados, de venta directa al consumidor.


Quizás la joya más preciada de Sos sea la Iglesia de San Esteban, con una cripta de la segunda mitad del s. XI que aún conserva pinturas... que no vais a ver aquí por estar prohibido fotografiarlas... El claustro se ha convertido en una galería de piedra que comunica la cripta con la iglesia. La portada de ésta, aunque bastante deteriorada, es un buen ejemplo de arte románico, con varias tallas atribuídas al maestro Esteban, conocido por sus trabajos en la catedral de Santiago de Compostela. Actualmente está protegida por un pórtico renacentista del s. XVI.





Acabamos nuestra visita guiada accediendo al espacio donde debió ubicarse la sinagoga, donde se ha recuperado una parte del suelo de cantos original.


También pasamos por un conjunto de estatuas dedicadas al maestro Luis García Berlanga, que rodó por aquí "La Vaquilla", participando como extras muchos vecinos.


Luego nos acercamos al parador, desde donde disfrutamos de buenas vistas hacia el casco histórico.